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El Despertar de la Matriz Grupal

Entrar en un nuevo Grupo de Psicodrama es, en muchos sentidos, un acto de valentía. Al cruzar esa puerta, no solo traemos nuestra historia personal, sino también nuestros miedos más arcaicos sobre la pertenencia, el juicio y la visibilidad.

En las primeras sesiones de un grupo psicoterapéutico, el aire está cargado de una tensión invisible pero palpable: el baile entre la confianza y la desconfianza.


El Eco de Nuestro Primer Sistema: La Familia

Desde la perspectiva sistémica, el grupo no es solo un conjunto de individuos; es un nuevo sistema que, inevitablemente, activa las memorias de nuestro primer sistema social: la familia.

Es natural que en estos primeros encuentros proyectemos en lxs compañeros o en la terapeuta roles de nuestra constelación familiar original. La desconfianza inicial suele ser un mecanismo de defensa heredado que se manifiesta en interrogantes internas:

  • "¿Seré aceptadx aquí?"
  • "¿Es este un lugar seguro para mostrar mi vulnerabilidad?"
  • "¿Me silenciarán como ocurrió en mi pasado?"

Estas dudas no son solo cognitivas; se sienten en el cuerpo, en la rigidez de la postura y en la mirada cautelosa. El grupo se convierte en un espejo donde los fantasmas de nuestra historia familiar asoman para ser, por fin, integrados.

La Psicodramatista como Arquitecta de la Confianza

En este escenario, la figura de la Psicodramatista Sistémica es fundamental. Su rol no es solo observar, sino actuar como facilitadora de una matriz de confianza y seguridad.

Para que el psicodrama ocurra —para que podamos "poner en escena" nuestro mundo interno— primero debe existir un "suelo" firme. La terapeuta construye este clima a través de tres pilares fundamentales:

  1. El Encuadre: Establecer límites claros que protejan la confidencialidad y el respeto, transformando el caos emocional en un continente seguro.
  2. El Caldeamiento (Warm-up): Utilizar técnicas corporales y lúdicas que bajen las defensas racionales y permitan que el grupo se reconozca más allá de las palabras.
  3. La Mirada Sistémica: Validar que cada resistencia o desconfianza tiene un sentido y una función, permitiendo que el síntoma individual sea acogido como una expresión del proceso grupal.

De la Desconfianza a la Cohesión: El Nacimiento del "Nosotrxs"

Cuando la terapeuta logra sostener este espacio, la desconfianza inicial se transforma. La matriz de confianza no significa que el conflicto desaparezca, sino que el grupo se vuelve capaz de contenerlo.

En este clima de seguridad, lxs integrantes pueden empezar a transitar sus procesos psicológicos, emocionales y sociales. El desarrollo individual se potencia gracias a la fuerza del grupo: al ver mi historia representada en el otro, dejo de estar solx. La "escena" psicodramática nos permite ensayar nuevas respuestas ante viejos dolores, sanando no solo nuestra relación con nosotrxs mismxs, sino nuestro modo de vincularnos con los demás.

Conclusión

Los primeros encuentros son la semilla de todo el proceso terapéutico. Es allí donde, con el acompañamiento experto y sistémico, transformamos el miedo al "otro" en la potencia del "nosotrxs", creando un refugio donde la vida, con toda su complejidad, finalmente puede ser representada y sanada.

Paqui Lozano Roldán
Psicóloga Sanitaria y Psicodramatista Sistémica.